Se actualiza los domingos y miércoles (10:00 PM)...

martes, 19 de mayo de 2009

El celular del tío Lalo

Cebollita era una muchachita muy extrovertida, tenía un precioso sobrino pecoso llamado Julio, un bebé de 3 años (y 7 meses), hijo de su hermano mayor, un aprendiz de panadero apodado simplemente "El Cucharón". Cebollita vivía con sus padres y su hermanito, un molzabete de 20 años llamado Eduardo (o Lalo, para la chamacada suspirante), y era común que, en los fines de semana, "El Cucharón" dejara a su hijo Julito mientras iba con su querida, haciendo que el pequeñito hiciera las delicias de la familia, en especial a Cebollita (pero no para Lalo, quien decía de él como "un estorbo a la integridad de la familia"). Pero un buen sábado, cuando en la casa sólo estaban Cebollita y Julio, nuestro querido bebé estuvo andando por toda la casa, hasta que en una mesa encontró algo curioso pero resplandeciente, era el costoso celular de Lalo; a Julio le ardió la expectativa y rápido como pudo, agarró el celular, el cual estaba encendida y como el nene ya está acostumbrado a juguetear el celular de su tía Cebollita, aporreó las teclas para que -misteriosamente- aparecieron las fotos de chicas guapas y sexys que Lalo guardaba con recelo para sus íntimos deleites; a Julio (no sé si por calenturiento precoz o por imitación de nuestra burda sociedad) le conmocionó tanto las imágenes de las hermosas venus -aunque en realidad sean pirujas de alguna revista para "caballeros"- que empezó a balbucear (as usual para su edad): -¡Mamita! ¡Shulita! ¡Cosa hemoza!-
En eso estaba cuando apareció Cebollita, y al ver a Julio con el teléfono móvil de su hermanito, le pidió de favor que se lo entregara, pero el bebé no le hizo caso, al contrario, lo arrojó de tal manera que se escuchó un golpe sordo en el piso de la sala, por lo que Cebollita se exasperó alegremente (?) y bramó: -¡No nene, nene malo! ¡Dame ese celular, no es tuyo, es de tu tío Lalo!-
Julio, se molestó aún más y corrió hacia el baño, tan sólo para tirar el teléfono en el retrete.
-¡Ay no! ¡No! ¡No meteré mi mano ahí dentro!- se decía Cebollita con una cara de repugnacia al ver ese celular dentro de la taza, como un pedazo de mierda llena de teclas y chips. Ya estaba por buscar algún guante o de perdido una bolsa para sacarlo cuando a Julio se le ocurre (no sé si por maldad o por hacerse el chistoso, ¡O AMBAS!) bajar la palanca del excusado, y es así como el celular del tío Lalo se fue -literalmente- al caño.

FIN

3 comentarios:

Juan Carlos dijo...

jajajajajajajajajjaa. es bueniiiiiisimo jajaja, no te lo esperas...

y genial SUGAR RAAAAAAAAAAAY, ESTA CANCIÓN ES GENIAL, ME IRE A DORMIR CON UN EXCELENTE SABOR DE BOCA

Juan Carlos dijo...

jajajajajajajajajjaa. es bueniiiiiisimo jajaja, no te lo esperas...

y genial SUGAR RAAAAAAAAAAAY, ESTA CANCIÓN ES GENIAL, ME IRE A DORMIR CON UN EXCELENTE SABOR DE BOCA

Ego sum qui sum dijo...

Jejeje Muy bien